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| Jorge Vázquez, en el kayak del centro, en el río Jamapa en Veracruz, México. Crédito: Astrid Gómez. |
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Por Jorge Vázquez
Nací en Santa Clara, Cuba y a los tres años, partí con mis padres y mi hermano para los Estados Unidos. Ellos encontraron trabajo enseñando en una universidad en Elkins, West Virginia, un pueblo de 8,000 personas, ¡y lejos del mar! Como buenos cubanos, pasábamos las vacaciones en Miami visitando familia. Recuerdo caminar por las playas hermosas de Florida mientras mi papá, que era biólogo, nos explicaba a mí y a mi hermano sobre las plantas y animales que veíamos en el camino. Esas vacaciones con mi familia tuvieron un gran efecto en mí.
Empecé estudiando medicina en la Universidad de Miami. Pero tan pronto tuve mi primer laboratorio donde tuve que cortar una rana, supe que la medicina no era para mí. Viendo mi reacción, uno de mis profesores me preguntó “¿y por qué no estudias física?” ¡Di el salto y me encantó! Más adelanté cogí mi primer curso de oceanografía e inmediatamente supe que eso era lo que quería estudiar. Siento que esta decisión se debe a la influencia de mi papá; él me enseñó a apreciar nuestro planeta y a cuidarlo como un regalo.
Pasé a estudiar una maestría en oceanografía en la Universidad de Rhode Island. ¡Tuve una suerte! Durante ese tiempo la NASA estaba estableciendo una dirección diferente: estudiar el planeta desde el espacio. Mi tesis requirió el uso de imágenes de satélite para estudiar la Corriente del Golfo en la costa este de los Estado Unidos. Al completarla, me ofrecieron trabajo en el Jet Propulsion Laboratory, o JPL, de la NASA, en Pasadena, California. Al principio estuve trabajando y estudiando, mientras terminaba mi doctorado en ciencias geológicas en la Universidad del Sur de California.
Desde mi llegada a NASA en 1984, he visto una verdadera transformación. En esa época nadie hablaba del calentamiento global. Esa frase no se usaba, simplemente no existía. Pero las cosas fueron cambiando. Los satélites revolucionaron nuestra comprensión del planeta y en gran medida fue esto lo que nos permitió entender mejor los efectos del cambio climático.
Con el satélite GRACE de la NASA, por ejemplo, se hizo posible medir desde el espacio los cambios en las capas de hielo en el Ártico y en Groenlandia. Estos datos demostraron que el hielo se está derritiendo mas rápido cada año. Los datos del satélite TOPEX/Poseidon demostraron que el aumento en el nivel del mar también se está acelerando. Gracias a los satélites no sólo podemos ver estos cambios sino que también tenemos más evidencia de que los seres humanos estamos teniendo un efecto profundo en el planeta.
Uno de los datos más importantes que recogemos con satélites para entender el cambio climático es la temperatura de la superficie del mar a nivel global. Como los satélites pueden monitorear todo el océano, todos los días nos ofrecen una verdadera ventaja – ¡eso sería imposible con barcos!
Una de mis labores más fascinantes es trabajar con un grupo internacional para coordinar estos datos satelitales de forma que investigadores de todo el mundo pueden usarlos. El grupo se llama el GHRSST (acróstico inglés para el Grupo para la Temperatura de la Superficie del Mar de Alta Resolución). Tenemos colaboraciones con Europa, Australia, Japón, Sur América y, en el futuro, África. Nunca he trabajado con gente tan dedicada.
GHRSST es importante no sólo por cumplir esta función sino porque también demuestra que hay muchos países envueltos en el estudio del cambio climático. Es un buen ejemplo de la comunidad científica trabajando junta para solucionar problemas técnicos de una manera que es beneficiosa para todos los países del mundo.
 Jorge Vázquez hablándole a un grupo de estudiantes en Lima, Perú. Crédito: Dra. Sara Purca.
Cada día aprendemos algo nuevo. Ahora estoy enfocado en entender los efectos del cambio climático en las zonas costeras; ésas son las áreas que se verán más afectadas. Me siento muy orgulloso de poder ayudar a entender mejor estos cambios y sus consecuencias.
Trabajar para la NASA ha sido como vivir un sueño. La oportunidad de colaborar con gente de otros países es increíble y ha hecho de ésta la experiencia de mi vida. Cada día aprendo algo nuevo y me siento muy orgulloso de poder compartirlo.
El Dr. Jorge Vázquez es científico en la división de Océanos y Hielo del centro JPL de la NASA en California. Lee este artículo (en inglés) para conocer más sobre Jorge. |
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Por Eric Brown de Colstoun
El rostro de nuestro planeta está mostrando unas cuantas arrugas y no es por su edad. Una población global que se expande continuamente ha forzado cambios dramáticos para suplir las necesidades de espacio y de acceso a recursos naturales que le permitan vivir, alimentarse y prosperar. Desde la perspectiva del espacio, los científicos de la NASA como yo pueden estudiar y medir muchos de estos cambios, incluyendo el crecimiento de las zonas urbanas y agrícolas, la reducción de glaciares en el mundo entero, e incluso los efectos de eventos naturales como huracanes o sequía. También buscamos comprender mejor cómo y por qué nuestro planeta está cambiando, además de las implicaciones de estos cambios para nosotros y para el futuro del planeta.
Como nací en São Paulo y crecí en Caracas, Venezuela, con un papá francés y una mamá americana, quizás fue mi destino ser geógrafo. Y con tres pasaportes y lenguas maternas quizás también fue mi destino ser ciudadano de esto hermoso planeta que llamamos la Tierra.
 Eric Brown de Colstoun cuando estudiaba en el Colorado Rocky Mountain School en Carbondale CO, donde realize muchos trabajos y viajes de campo a Colorado y Utah enfocados en los recursos naturales. Crédito: Beth Franklin.
 Eric estudiando la cubierta forestal en el parque nacional Delaware Water Gap National Recreation Area en Pennsylvania. Estudios en el campo con sistemas de posicionamiento globales permiten conectar los datos de satélite.
De pequeño siempre me interesaron las estadísticas de los jugadores de beisbol venezolanos de las ligas mayores. De hecho, aún sigo a muchos jugadores venezolanos en el beisbol Americano (¡vamos Miguel Cabrera!). Esta pasión natural por los números me motivó a estudiar matemáticas en la universidad. Por otra parte, el privilegio de crecer rodeado del maravilloso y diverso mundo natural de Venezuela – donde uno puede encontrar una diversidad de bosques tropicales, sabanas o llanos, largas costas y grandes montanas de una belleza increíble provocó en mi un interés profundo en el medio ambiente y en la conservación de recursos naturales. Mis estudios en ciencias terrestres y geografía vinieron más adelante en mi vida, pero fueron el resultado de esta combinación de pasiones y de un interés en aprovechar la oportunidad de ver el mundo desde el espacio.
 Eric frente a la caseta de ciencias terrestres de la NASA del USA Science and Engineering Festival 2012 en Washington, DC. Abril 2012. Crédito: Brian Campbell.
Hoy día me encargo de un gran proyecto de la NASA que busca medir el urbanismo y el cambio global en las ciudades usando imágenes del satélite Landsat. Aunque considero que tengo suerte de tener este trabajo, sé que esta “suerte” no hubiera sido posible sin mis estudios en matemáticas y ciencias y sin mi interés natural en estudiar el funcionamiento del planeta.
Desde el espacio podemos observar a un planeta magnífico y frágil al mismo tiempo. Vemos a un planeta que está cambiando por el calentamiento global y por otros cambios que nosotros estamos causando. Esta vista nos ofrece un espejo de nuestras actividades y de nuestro impacto en el medio ambiente. Armados con esta información, y bien sentados sobre bases de conocimientos en ciencias, matemáticas, tecnología e ingeniería (lo que se le llama en inglés los campos STEM), yo estoy convencido que podemos ser agentes de cambios positivos en el planeta. Sé que también podremos encontrar soluciones a los problemas ambientales a los cuales nos enfrentamos y, con el tiempo, esas arrugas que vemos hoy serán meramente cicatrices mañana.
 A Eric le apasiona compartir la emoción de la ciencia con la próxima generación de exploradores. En esta foto, está estudiando unos datos con una estudiante de Washington, DC durante un evento organizado en el centro Goddard por motivo del Verano de Innovación (Summer of Innovation) en el 2011. Crédito: NASA.
El Dr. Eric Brown de Colstoun es científico físico y coordinador de educación de ciencias terrestres en el NASA Goddard Space Flight Center en Greenbelt, Maryland. |
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Por Ana Prados
Desde hace cuatro años he tenido una oportunidad laboral única: enseñar sobre el uso práctico de la información científica que produce la NASA.
Dirijo un programa llamado ARSET (acróstico inglés para Entrenamiento Aplicado de Percepción Remota) donde nos encargamos de diseñar cursos técnicos para ayudar a organizaciones públicas y privadas en Estados Unidos y en otros países a acceder, manipular e interpretar datos e imágenes de la NASA. Los cursos se realizan en aulas con computadoras, donde cada alumno dedica al menos la mitad del tiempo a actividades prácticas y a interpretar imágenes satelitales. Profesores y estudiantes universitarios también participan en estos cursos.
Dentro de mis labores, mi preferida es enseñar a otros científicos de la NASA a transmitir al público la información científica que genera la NASA. Hablar al público o a personas involucradas en la toma de decisiones acerca de las investigaciones científicas no es fácil y requiere práctica. Nosotros ayudamos en esto, enseñando cómo cambiar la forma de comunicarse, usando menos palabras técnicas y hablando más sobre los beneficios de la información científica para la salud pública y el medio ambiente. Cada curso se diseña de acuerdo con las necesidades de gestión del medio ambiente del lugar donde se ofrecerá, lo que nos permite demostrarle a los estudiantes cómo esta información los puede beneficiar directamente.
Por ejemplo, el pasado agosto, ARSET enseñó un curso avanzado en línea donde demostró el uso de imágenes del instrumento MODIS, un instrumento de espectrometría a bordo de los satélites de la NASA Terra y Aqua. Se analizaron imágenes impresionantes de fuegos en Utah y Colorado, cuyo humo, detectado por MODIS, se extendió por varios estados (¡llegó hasta Canadá!) y causó problemas de salud y falta de visibilidad. A los estudiantes les encanta MODIS por su increíble habilidad para detectar fuegos y nubes de humo que se producen en la atmósfera.
También hemos ofrecido varios talleres en California, que cuenta con unos de los niveles más altos de contaminación atmosférica en Norteamérica. Los estudiantes en estos cursos no sólo aprendieron cómo usar imágenes de MODIS, sino también imágenes de OMI de dióxido de nitrógeno, un contaminante que es emitido por los coches y la actividad industrial y que puede hacerle daño a los pulmones.
 Curso de NASA ARSET para la CARB (la Junta Directiva de Recursos Aéreos de California)en Sacramento, CA en diciembre del 2011. Crédito: NASA/ARSET.
Tengo un recuerdo especial de mi viaje a la ciudad de Cartagena, en Colombia, para realizar un taller acerca de la monitorización de lluvia y nieve en América Latina. Los estudiantes analizaron el impacto de las lluvias torrenciales en Colombia, que en el 2011 experimentó unas de sus peores temporadas de inundaciones. Los datos de la NASA son particularmente útiles en regiones como ésta donde no siempre existen datos o pronósticos de inundación. Lo disfruté doblemente porque además de proporcionar en línea todos los módulos de aprendizaje en español, tuve la oportunidad de enseñar el curso en mi lengua materna.
 Imagen de precipitación del satélite TRMM mostrando lluvia extrema en la provincia de Mehta y otras partes de Colombia en Mayo del 2011. Crédito: NASA GIOVANNI/ARSET.
Estos cursos en línea son bien populares – en un curso reciente se inscribieron casi 80 personas – lo cual demuestra el entusiasmo que tienen por aprender cómo usar las imágenes y los datos de la NASA en su trabajo. Para mí ha sido un sueño hecho realidad porque combina mis dos pasiones, el estudio del planeta y la oportunidad de enseñar cómo nos beneficiamos de la información científica que produce la NASA.
La Dra. Ana Prados trabaja en el NASA Goddard Space Flight Center, en Maryland, desde el 2007. Su entrenamiento es en química atmosférica, especialmente en los contaminantes que se pueden medir desde satélites. ¿Quieres saber más sobre los cursos de ARSET? Puedes bajar los módulos de agua y desastres naturales gratuitamente a través de http://water.gsfc.nasa.gov; y los de calidad del aire a través de http://airquality.gsfc.nasa.gov. |
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| En el glaciar Russell en Groenlandia, con Operación IceBridge. Abril 2012. Crédito: Tim Spuck. |
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Una de las primeras preguntas que la gente me hace cuando les digo que trabajo de escritora científica para el departamento de ciencias polares del centro NASA Goddard es: “Ah, ¿y qué estudiaste para llegar allá? ¿Eres geóloga o física?” Cuando respondo que ni lo uno ni lo otro, sino que empecé como veterinaria (de animales de granja, para ser exactos), sé lo que vendrá a continuación: caras de extrañeza y un “¿Y cómo te pasaste de veterinaria a escritora?” Esa es una cuestión más larga de contestar.
Para empezar, crecí y me eduqué en España. Es un sistema educativo muy diferente al de Estados Unidos: al acabar la educación secundaria, los estudiantes ya tienen que decidir en qué se van a especializar. No hay un “college” de educación general que sirva de transición, como aquí en Estados Unidos, sino sólo carreras profesionales.
Con 18 años, yo no sabía muy bien a qué quería dedicarme. Me gustaba la ciencia, me encantaban los animales... así que estudiar veterinaria no parecía una mala opción. Pero no resultó ser lo que esperaba: trabajar en producción animal era demasiado duro para el alma, y el dedicarse a las clínicas de animales de compañía tenía más que ver con saber manejar a los propietarios de los perros y gatos que con tratar a los animales en sí.
 En Francia, trabajando en una granja de cerdos. 2001.
Tardé un tiempo en decidir qué quería hacer a continuación. Volví a la universidad para estudiar periodismo porque leer y escribir eran dos tareas que me habían gustado toda la vida, y decidí intentar ganarme la vida escribiendo. Pero durante mis primeros años de periodista no quise escribir sobre ciencia – me había quedado demasiado desilusionada con mi fallida carrera de veterinaria. Todo cambió cuando un antiguo profesor me pidió que redactara un reportaje sobre investigación biomédica en Barcelona. Cuando empecé a entrevistar a científicos para mi historia, me cautivó el entusiasmo que tenían por su trabajo, su curiosidad, su paciencia al explicarme los detalles más técnicos. Y me di cuenta que el haber estudiado una carrera de ciencia me era de gran ayuda para entender cómo los investigadores razonan y trabajan.
Así que volví a la universidad, por tercera (y espero que última) vez. Esta vez en California, para un estudio de postgrado en comunicación científica. Durante mis dos años allá, aprendí no sólo a escribir en un idioma diferente a mi lengua materna, sino a explicar descubrimientos científicos en términos simples y atractivos para el público general.
Mi primer trabajo fue como oficial de prensa de una de las mayores asociaciones científicas de EE.UU.: redacté notas de prensa, coordiné una comunidad de blogs escrita por científicos y di clases y talleres para ayudar a investigadores a comunicarse mejor con periodistas y gente sin formación científica. Tres años después, empecé a trabajar de comunicadora científica para la NASA. Me encanta escribir sobre las regiones polares, la última frontera de nuestro planeta. Mi oficina está en el laboratorio de ciencias polares, así que, siempre que tengo alguna duda sobre temas relacionados con el hielo, tengo a mano a algunos de los mejores glaciólogos y climatólogos que hay.
A veces pienso en mi antigua yo, la veterinaria insatisfecha, y me pregunto qué pensaría si alguien le dijera que una década más tarde estaría sobrevolando Groenlandia y la Antártida con una de las misiones de la NASA y escribiendo un blog sobre cómo están cambiando los casquetes de hielo polares. Si pudiera comunicarme con ella, mi yo de veinti-pocos años, le diría que no se angustiara tanto pensando que se había equivocado de profesión y malgastado años y años de escuela: al final, todo lo que has aprendido dando tumbos por la vida acaba ayudándote cuando encuentras qué es lo que realmente quieres hacer.
María José Viñas es escritora científica para el Equipo de Noticias de Ciencias Terrestres de la NASA, y coordinadora de difusión científica del Laboratorio de Ciencias Criosféricas del NASA Goddard Space Flight Center en Maryland. |
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El camino de un cuentista
Cómo la inusual carrera profesional de Jefferson Beck lo llevó a la NASA
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October 17, 2012
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2:04 PST
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Por Jefferson Beck
Estoy volando a 1500 pies por encima de una grieta gigante en el glaciar Pine Island. Por "gigante" me refiero a un máximo de 800 metros de ancho, más profundo que la Estatua de la Libertad, y de 18 millas de largo. Estoy en una avión DC-8 de la NASA con la misión OIB (acróstico inglés para Operación Puente de Hielo), la primera misión aérea en realizar mediciones detalladas de un evento de agrietamiento tan masivo. Si este trozo de la capa de hielo de la Antártida se separa y se aleja flotando en el océano como una gran pieza, será el tamaño de la ciudad de Nueva York.

Una grieta se propaga a través del glaciar Pine Island en la Antártida. Crédito: Jefferson Beck, NASA

Primer plano de la grieta del glaciar Pine Island. Crédito: Jefferson Beck, NASA
Como el productor de vídeo asignado a esta misión, me esfuerzo en sacarle el máximo provecho a los pocos momentos en que el paisaje no es sólo impresionante, sino realmente deslumbrante. Tengo un nudo en el estómago por la emoción y la preocupación de perderme las mejores tomas. Tengo una cámara fuera de una ventana, configurada para grabar un lapso de tiempo, mientras sostengo otra cámara contra otra ventana. Mientras el avión rebota, me aguanto con un pedazo de gomaespuma contra el fuselaje y trato de encontrar un lugar despejado entre los muchos arañazos en la ventana. La grieta glaciar ocupa un lugar preponderante en la vista por un tiempo, luego se desvanece rápidamente y se pierde en la blancura.

La plataforma de hielo de la Antártida vista desde la ventana de un avión. Crédito: Jefferson Beck, NASA
Después de que terminemos nuestras líneas de vuelo, nos ladeamos por el borde afilado donde el antiguo hielo de la Antártida se encuentra con el agua oscura. Empezamos a ganar altura para el vuelo de regreso a Punta Arenas, Chile, una ciudad portuaria en el estrecho de Magallanes. Mientras ascendemos, pienso en cómo pocas personas han llegado a ver el continente helado desde esta perspectiva. Entonces miro a mi alrededor, al increíblemente talentoso grupo de personas a bordo, y pienso "¿cómo logré terminar aquí?"
[Ok, no pensé eso en ese exacto momento. Esa revelación hubiera sido bastante conveniente sabiendo que pronto tendría que escribir un blog orientado a las carreras profesionales para la Semana de las Ciencias Terrestres. En ese momento probablemente me estaba preguntando si tenía el balance de blancos correcto en mis dos cámaras, o pensando tal vez en calentar una empanada, o qué preguntas hacerle a los científicos a bordo sobre lo que vimos hoy. Pero sí he tenido ese tipo de pensamientos muchas veces durante mi trabajo en la NASA, así que vamos a imaginar que fue en ese momento.]
Entonces, ¿cómo logré terminar allí? O, de igual forma, ¿en el NASA Goddard Space Flight Center, como parte de un grupo de escritores, productores de vídeo, animadores, expertos en la web y visualizadores de datos que componen la el equipo de narración de las ciencias terrestres de la NASA ?
[La idea de que somos 'cuentistas' puede parecerte extraña para describir a un grupo de personas que escriben acerca de los científicos y los datos que recogen, pero realmente representa lo que hacemos. Los satélites de la NASA observan nuestra planeta constantemente, enviando un flujo constante de información acerca de nuestra tierra, océanos y atmósfera, y tenemos que convertir esos números en palabras e imágenes. En esencia los estamos convirtiendo en cuentos, porque una de las mejores maneras de transmitir información - toda la información - es a través de un cuento. Regresaré a esta idea de la narración veraz más adelante.]
Quizás piensas que la mayoría de las personas que trabajan en la NASA son genios numéricos que pasaron sus años de escuela secundaria construyendo robots y resolviendo problemas matemáticos para divertirse. Y tenemos gente así. También tenemos gente que podía reconstruir un motor cuando tenían 14 años y gente que ya a los 17 tenía su licencia de piloto.
Pero para mí, la escuela secundaria fue muchas cosas y el camino no siempre fue claro. La secundaria fue campo traviesa y pista, el periódico de la escuela, leer un montón de ciencia ficción, clases de arte, abandonar un curso de redacción para tener doble almuerzo con mi novia, luchar un poco con las matemáticas, y disfrutar mucho más de mis cursos de ciencias.
Mis problemas continuos con las matemáticas y, como luego se hizo evidente, la química, no me impidieron estudiar biología en la universidad, donde también estudié ecología e historia natural. Después de eso, mi plan era convertirme en biólogo, así que por un tiempo estuve en Alaska parado en arroyos congelados mientras contaba salmón salvaje. Me encantó estar en el campo y amaba el mundo natural, pero poco a poco la idea de ser un científico investigador comenzó a desvanecerse.
Sin saber qué hacer, me fui a casa en Ohio. Conseguí un trabajo como reportero para un periódico pequeño. Luego ayudé a construir un camino local para bicicletas, hice una presentación de informes para la radio, y luego me involucré en servicio comunitario con la comunidad sin fines de lucro. Por un tiempo fui gorila en un bar una noche a la semana. Finalmente, aterricé en el cine. Tomé algunas clases de cine, trabajé en un par de películas independientes, e hice algunas películas por mi cuenta.
Parece un gran desorden, ¿verdad? No te hace pensar: "éste es un hombre que está destinado para la NASA." Es lo que la gente en el mundo profesional llama "movimientos laterales," saltando de un lado a otro sin mucho adelanto profesional - los tipos de movimientos que logran que algunos padres se rasquen la cabeza y empiecen a preocuparse.
Pero todas estas experiencias me llevaron a solicitar finalmente a un programa de posgrado en cine de ciencia y naturaleza en la Universidad Estatal de Montana. Me aceptaron y más tarde conseguí trabajo en la NASA, porque yo era capaz de contar un cuento – un cuento veraz - gracias a las habilidades que había adquirido durante esos movimientos laterales. Podía escribir, gestionar un proyecto, entender a los científicos, reconocer noticias, completar trabajo de campo, profundizar, soportar la adversidad (atribuyéndole esto a mis 10 años corriendo pista y campo traviesa), y hacer un vídeo.
Así que mi mensaje principal es este: Si eres una de esas personas centradas que saben exactamente lo que quieren hacer y cómo dirigirse directamente a ello, fantástico. Un día volarás el avión en el estoy montando, diseñarás uno de nuestros satélites, o nos enviaras a Marte. Y voy a estar agradecido por tus habilidades. Pero si tu carrera profesional da muchas vueltas, no te preocupes. Si sigues aprendiendo sobre la marcha, un día será parte de un cuento veraz muy interesante.
Este mes me dirijo de vuelta a Chile, de vuelta a volar a 1500 pies sobre el hielo antártico, y tal vez incluso de vuelta al glaciar Pine Island, que finalmente parece estar dispuesto a renunciar su pedazote de hielo del tamaño de Nueva York. Dondequiera que voleamos, será emocionante. Y difícil y hermoso y valioso científicamente. Habrá un montón de cuentos veraces allá afuera, y voy a esforzarme lo más posible por traerlos a casa.

Jefferson Beck es un productor de vídeo en el Goddard Space Flight Center de la NASA. Crédito: Jefferson Beck, NASA
Vídeo que creó Jefferson: Flying through the Rift: An update on the crack in the Pine Island Glacier |
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Detrás de cámaras de GPM
Parte II: Daniel Alvarado describe el papel de los ingenieros mecánicos en esta misión
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October 16, 2012
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5:28 PST
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Por Daniel Alvarado
En la primera parte de este blog Daniel Alvarado describió su niñez en Puerto Rico y la curiosidad que lo llevaba a desmontarlo todo y con la que llegó a trabajar en la NASA. En esta segunda parte, Dani te ofrece una mirada cercana a la misión satelital en la que está trabajando y su rol en ella.
Cuando sea lanzado desde la isla Tanegashima en Japón a principios del año 2014, el satélite GPM, por sus siglas en inglés, se encargará de medir dónde y cuánta agua dulce ha caído en el planeta, para así poder manejar y utilizar mejor este recurso. El satélite medirá la precipitación (lluvia, granizo y nieve) alrededor de toda la Tierra y ofrecerá un mapa global de dónde y cuánto a caído cada 3 horas. Esa información será importante para refinar los modelos climatológicos para poder estimar mejor el impacto de fenómenos naturales, monitorear inundaciones repentinas, identificar áreas en peligro de inundación cuando se derrite la nieve y hasta proveer información importante para la planificación agrícola durante sequías.
 GPM es una misión internacional donde colaboran la NASA y JAXA. En esta foto, oficiales de ambas agencias examinan uno de los instrumentos del satélite. Crédito: NASA.
GPM mide alrededor de 5 metros (16 pies) de largo, pesa unos 3,600 kilogramos (8,000 libras) y contiene 3 instrumentos, incluyendo dos radares construidos por JAXA, la agencia espacial de Japón. Los radares envían una onda hacia las nubes, la cual rebota y regresa y luego es analizada internamente. Esta señal permite determinar si está ocurriendo precipitación y cuánta. El concepto es similar a los radares que utilizan los policías para determinar la velocidad de un vehículo. El tercer instrumento, construido por la compañía aeroespacial americana Ball Aerospace Technologies Corporation, mide la temperatura de lo que observa el satélite, permitiendo determinar si la precipitación es lluvia, granizo, o nieve.
Yo soy parte del equipo mecánico de GPM. ¿Nuestra misión? Diseñar, armar y probar la estructura de la nave espacial, en otras palabras, su esqueleto. Esta estructura tiene que ser lo más liviana posible y, a la misma vez, lo más fuerte posible para poder transportar todos los componentes de la nave espacial intactos a su órbita asignada. Esto no es fácil: el satélite tiene que sobrevivir la travesía violenta que provoca el lanzamiento del cohete y depende de su estructura para sobrevivir los efectos termales, la fuerza gravitacional (“g”), la vibración y acústica.
 Los satélites son sujetos a unas condiciones extremas durante el lanzamiento. Aquí se muestra el lanzamiento del satélite Aquarius, una misión de observación de salinidad oceánica, el 11 de junio de 2011. Crédito: NASA/Bill Ingalis.
Para asegurarnos que el satélite sobrevivirá todo esto y luego pueda desempeñar su misión exitosamente, se realizan un sinnúmero de pruebas: eléctricas, termales, mecánicas, electromagnéticas, etc. Esto nos lleva al otro rol de los ingenieros mecánicos de un satélite: diseñamos, y armamos el equipo para realizar estas pruebas.
Este equipo consiste en piezas tan grande como un contenedor de embarque de 22,500 kilogramos (50,000 libras), plataformas móviles de 5,900 kilogramos (13,000 libras) y equipo especializado de levantamiento con grúas, hasta piezas pequeñas provisionales para instalar componentes espaciales. A veces, el diseño de este equipo puede ser hasta más elaborado que el componente que estás instalando o probando, como por ejemplo, un sistema de despliegue que simula la micro gravedad del espacio.
 Ingenieros preparando el despliegue solar de GPM para una prueba de vibración. Crédito: NASA.
 Prueba de un satélite de precipitación de GPM en un cuarto limpio en JAXA, la agencia espacial japonesa. Crédito: NASA.
 Equipo mecánico trabajando en el satélite. Crédito: NASA.
Actualmente nos estamos preparando para la prueba termal de GPM que ocurrirá entre octubre y noviembre. El objetivo es asegurarnos de que todos los sistemas y componentes – baterías, instrumentos, radiadores, antena de comunicación, y más – funcionarán a pesar de las temperaturas extremas del espacio. Esta preparación tarda semanas. Para que tengas un idea, a continuación detallo los pasos que tomamos para transportar la nave a la cámara de prueba.
• La nave está completamente armada. Los últimos componentes se integraron hace algunos días. Tengo que estimar la masa y el centro de masa (o la distribución de masa) de la nave. Podrá sonar trivial, pero es una tarea difícil. Para ser lo más exacto posible, tengo que estimar la masa y la localización de cada componente instalado en la nave, por más diminuto que sea, y son miles de componentes: tornillos, cinta adhesiva, equipo temporero, cables, sábanas termales, pega, y muchos más.
• El próximo paso es levantar la nave con una grúa. Para eso debo entrar al área del “cuarto limpio,” lo que significa que tengo que cubrirme con una ropa especial para evitar contaminar la nave con mi pelo, el sucio de mis zapatos o con los aceites naturales de mis manos. Una vez allí, tengo que cercar el área donde haremos el levantamiento para asegurarme de que nadie entre al área desprevenidamente, lo que puede ser peligroso.
• Una vez todo el personal está presente le informo la tarea que vamos a realizar para que todos sepan el papel que van a jugar. Comenzamos a instalar el equipo que conecta a la nave espacial con la grúa, cuyo diseño estuvo a mi cargo. Una vez conectemos la nave, alineamos la grúa con el centro de masa que calculé anteriormente porque cualquier desalineamiento puede provocar que la nave se deslice y sufra algún daño o, peor aún, se deslice y le haga daño grave o mortal a una persona (¡recuerda que pesa alrededor de 3,600 kilogramos!).
• Una vez la nave está en el aire (mi parte favorita), la trasladamos e instalamos en una de las plataformas móviles. Desconectamos la grúa y nos preparamos para trasladarnos a la cámara termal a unos 200 metros.
• La plataforma se mueve por medio de aire a presión (en vez de ruedas). Uno de los problemas de aire a presión es que puede levantar partículas de polvo del piso, lo cual puede contaminar la nave. Por esa razón, instalamos un contenedor de contaminación a la plataforma móvil. Una vez la nave esta protegida de contaminación podemos comenzar la operación de aire a presión. Por lo general, es bastante cómodo manejar la plataforma móvil, pero puede ser peligroso para los operadores, ya que algunos pasillos son estrechos y existe la posibilidad de pillar a alguien contra una pared.
• Una vez se recorre el camino hasta la cámara termal, se levanta la nave con la grúa unos 13 metros en el aire para transferirla a la plataforma de prueba. Como dentro de la cámara termal hay un espacio limitado, esta labor de levantamiento es más compleja y el equipo la hace con mucho cuidado sabiendo que tanto los componentes como los operadores se exponen a posibles daños si ocurre algo inesperado.
 Equipo mecánico de GPM. Crédito: NASA.
Esta es sólo un ejemplo de las múltiples operaciones que hacemos a diario en el equipo de mecánica de GPM. Aunque me pongo nervioso cada vez que comienzo una operación compleja, me lleno de alegría (literalmente no puedo parar de sonreír), cuando se utiliza una de las piezas que diseñé para una operación en la nave o cuando estoy a cargo de la operación – cuando sé que el satélite de $1 billón de dólares está en mis manos. Siempre hay algo de nervios porque aunque diseñamos y probamos las piezas para sostener fuerzas increíbles, existe la posibilidad de que ocurra lo inesperado. Al final, sin embargo, la satisfacción es grande – y el alivio inmenso – cuando la nave se traslada exitosamente a su próximo destino…y se acerca cada vez más a cumplir una misión tan importante para la Tierra.
 Representación artística de GPM. Cuando sea lanzado en el 2014, recibirá el apoyo de otros satélites para en conjunto proveer medidas de precipitación a nivel global en tiempo real. Crédito: NASA.
¿Te interesa la ingeniería? Aprovecha la oportunidad de escuchar de tres ingenieros de la NASA durante un webinar en español sobre la misión Aquarius mañana a las 4pm ET. Oprime aquí para más información. |
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De G.I. Joe a GPM
Parte I: Daniel Alvarado cuenta su jornada a la ingeniería mecánica
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October 15, 2012
posted by
11:12 PST
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| Daniel Alvarado en la cima del Monte Fuji, en Japón, durante un viaje con el equipo de GPM. 2009. Crédito: Daniel Alvarado. |
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Por Daniel Alvarado
Nací en Dorado, Puerto Rico, un 15 de octubre, hace 30 años. Soy el menor de tres varones de la familia Alvarado Varela, el septuagésimo noveno de 82 primos de la familia Alvarado Peñalvert y el undécimo de 11 primos de la familia Varela Vázquez.
Desde pequeño, y hasta el día de hoy, he sido una persona sumamente curiosa. Siempre trato de averiguar y entender cómo funcionan las cosas a mi alrededor: desde los carros, las impresoras y los juguetes, hasta las montañas rusas y los lápices mecánicos. Estoy en un constante ciclo: observando, pensando y tratando de descifrar cómo funcionará eso que estoy viendo.
Mis juguetes favoritos eran los “G.I. Joe,” los Centuriones y los “LEGO,” que podía tirar, doblar, articular, adjuntarle otras piezas, desmontar, armar… en fin, experimentar a capacidad. Aunque traían instrucciones, me divertía descifrar todas las posibilidades por mi cuenta. También desarmaba cualquier aparato que no estuviera funcionara: abanicos, relojes, radios, controles remotos… no perdía tiempo en buscar el destornillador y tratar de descifrar qué pieza estaba dañada para repararla. Rara vez fui exitoso, en especial con las piezas electrónicas, pero eso no me detenía.
Mis intereses profesionales evolucionaron desde kinder hasta el día que sometí la solicitud a la universidad: quise ser bombero, relojero, dibujante de Disney, cirujano, biólogo marino, cocinero, hasta escritor… A medida que se acercaba el momento de escoger los programas de bachillerato para la universidad me parecía que todas las profesiones tenían algo que me interesaba. Recuerdo incluso tomar una prueba de aptitud académica y ninguna de las opciones profesionales que había escogido parecía ser mi fortaleza.
En medio de esta indecisión, alguien me sugirió que considerara la ingeniería. Finalmente escogí ingeniería mecánica porque me parecía la más versátil de todas las disciplinas de ingeniería. En retrospectiva, es la que más a tono va con mi personalidad, ya que se puede observar su base y aplicación en casi todo lo que nos rodea, permitiéndome saciar mi curiosidad de entender el mundo a mi alrededor. Fui aceptado en el programa de Traslado de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón (UPRB), pero jamás pensé que terminaría trabajando en la industria aeroespacial – ¡ni siquiera sabía que existía!
Recuerdo estar fascinado con las estrellas, los planetas y sus órbitas. La evidencia está en una pintura de acuarela y pasteles del sistema solar que pinté a los 10 años. La encontré hace poco e inmediatamente la colgué en mi oficina. Me hace recordar también la gran influencia que tuvo mi hermano Rafy, su curiosidad, entusiasmo y motivación por mantenerse al tanto de los acontecimientos espaciales.
 Pintura del sistema solar que hizo Daniel a los 10 años. Crédito: Daniel Alvarado.
Gracias a él recuerdo haber subido al techo de la casa, donde eventualmente nos quedamos dormidos, para ver una lluvia de estrellas. Gracias a él pude ver al cometa Shoemaker-Levy 9 que se estrelló contra Júpiter, la estela de fuego de la estación espacial rusa MIR mientras reentraba en la Tierra e incluso desde el patio de casa al cometa Hale-Bopp y Pero lo más impresionante fue ver por primera vez los anillos de Saturno y cuatro de las lunas de Júpiter a través de su telescopio. Aunque este interés continuó hasta la universidad, donde tomé una clase de astronomía, aún así desconocía que podría trabajar en algo relacionado algún día.
No fue hasta que unas amistades de la facultad de administración de empresas fueron escogidas para realizar un internado en el Goddard Space Flight Center que pensé que trabajar en la NASA era posible. En octubre de 2004, me entrevisté con representantes de la agencia en la Feria de Empleo de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. Fui sólo por curiosidad, ya que mi experiencia había sido principalmente en la industria automotriz. Tal fue mi sorpresa al recibir una llamada de Goddard para saber si estaba interesado en trabajar en la División de Sistemas Mecánicos. No respondí inmediatamente porque siempre pensé que trabajaría en Puerto Rico, pero finalmente tomé mi decisión durante una misión del transbordador Discovery. Éste era el primer vuelo tras la tragedia del transbordador Columbia, la cual viví mientras cursaba mi tercer año del bachillerato de ingeniería mecánica en UPR-M. No tenía idea de que poco después, en agosto de 2005, comenzaría a trabajar en la NASA, en una misión satelital de medida de precipitación global, la GPM.
 Daniel Alvarado. Crédito: Daniel Alvarado.
Daniel Enrique Alvarado Varela es ingeniero mecánico en el Goddard Space Flight Center de la NASA en Maryland. ¿Quieres saber más sobre qué hacen Daniel y sus colegas en la misión GPM? ¡Vuelve más tarde para que leas la segunda parte de su entrada de blog! |
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| Orlando Figueroa Crédito: NASA |
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Orlando Figueroa trabajó con la NASA por más de treinta años antes de retirarse en el 2010 y fundar su compañía de consultoría Orlando Leadership Enterprise, LLC. Durante su tiempo con la agencia, Orlando estuvo involucrado en todas las fases de desarrollo de múltiples misiones espaciales científicas. Pero para él, Marte siempre ha tenido un valor especial. Orlando dirigió el programa de exploración de Marte que, entre otras cosas, vio el lanzamiento de los dos trotamundos (o “rovers”) Spirit y Opportunity en el 2004. Desde febrero de 2012, Orlando está colaborando con la NASA de nuevo, esta vez dirigiendo un grupo de planificación que desarrollará una nueva estrategia para el programa de exploración de Marte de la agencia. Para más información sobre Orlando, lee su biografía.
Aprovechamos esta oportunidad para hacerle algunas preguntas a Orlando sobre su interés en el espacio y sobre cómo el estudio de otros planetas ayuda a avanzar el estudio de la Tierra.
NASA ESW Español: ¿De dónde es y cómo se interesó en el espacio?
Orlando Figueroa: Soy oriundo de Puerto Rico donde viví hasta la edad de 23 años, cuando me gradué de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez y empecé a trabajar para la NASA. Desde pequeño me interesó el espacio. En los fines de semana los canales de televisión daban documentales de aeronáutica y el espacio de la NASA, que me mantenían anclado al televisor, especialmente las misiones a la Luna.
ESW: Usted ha jugado varios papeles en NASA, ¿nos puede contar alguna de sus experiencias favoritas en la agencia?
OF: Toda mi carrera con la NASA fue un sueño hecho realidad. Mis mejores experiencias fueron con los proyectos del Explorador del Trasfondo Cósmico (COBE), las Misiones Exploradoras Pequeñas (SMEX) y, por supuesto – mi favorito, el programa de exploración de Marte.
ESW: ¿En qué reside el atractivo de Marte?
OF: Marte siempre ha tenido un atractivo especial y algo misterioso. ¿Han notado la tendencia a asociar seres extraterrestres con Marte? Aparte de la Luna, es el cuerpo celestial al que podemos llegar mas fácilmente. Cada dos años podemos enviar sondas a Marte, las cuales se toman unos 7 meses en llegar. Se cree que parte de su superficie estuvo forrada de agua en el pasado (millones de años atrás) y que su clima fue más templado, creando condiciones más propensas al desarrollo de algún tipo de vida. Es el primer lugar donde podemos probar las teorías de vida extra terrestre.
ESW: ¿Cuál es el vínculo entre las ciencias planetarias y las ciencias terrestres?
OF: Entender el origen y la evolución de los planetas en nuestro sistema solar u otros (cuando la tecnología lo permita) nos ayuda a entender nuestro planeta. La Tierra pasó por muchos cambios cataclísmicos que borraron mucha de su infancia, transformando su superficie. Planetas como Marte pueden ayudarnos a reconstruir esa historia o, en el caso de Venus, a entender cómo la atmósfera puede evolucionar hasta convertirse algo inhóspita.
ESW: ¿Y viceversa? Por ejemplo, si Curiosity encuentra señales de vida en Marte, ¿nos ayudará a entender la vida terrestre mejor?
OF: Sabemos que la vida es tenaz y que puede sobrevivir en condiciones ambientales extremas. La radiación en la superficie de Marte es extrema; si Curiosity encuentra alguna señal de vida, nos dará aún más evidencia de cómo los organismos se adaptan a su ambiente para sobrevivir.
ESW: Además de buscar rastros de vida, Curiosity tiene muchos instrumentos para investigar. ¿Cuántos papeles de Exploradores Terrestres estará cumpliendo?
OF: Curiosity cumple papeles de científicos geólogos, biólogos, y químicos, e ingenieros de cómputos y comunicación. Es un laboratorio ambulante exquisito. No es tan eficiente como los humanos explorando y estudiando en la Tierra dado que todos sus pasos son muy cautelosos y limitados por la distancia y la necesidad de planificarlo todo poco a poco, pero es un logro maravilloso para la ciencia y la ingeniería.
Esta imagen fue tomada por una de las cámaras en Curiosity. Los científicos están sumamente interesados en los cambios geológicos que se muestran. Es a través del estudio de esos cambios y la evidencia que han atrapado, que la historia de un planeta y la vida en él (si es que existió) se descubre.
 Falda del Monte Agudo (Mount Sharp Flank) en el cráter Gale. Curiosity se encuentra a 7 kilómetros de distancia. Crédito: NASA
ESW: Si usted fuera a montar una tripulación para ir a Marte, ¿con qué tipo de exploradores terrestres piensa que deberíamos contar?
OF: El conocimiento adquirido a través de las sondas en Marte, incluyendo a Curiosity, nos ayuda a dar un paso más para prepararnos a que los humanos tomen su lugar. Cuando estemos listos debemos contar con ingenieros, matemáticos, científicos como los que mencione anteriormente y, por supuesto, médicos.
ESW: ¿Qué le gustaría estudiar a usted si estuviera haciendo otra cosa?
OF: A mi me encantaría estudiar la astrobiología. Encuentro fascinante el estudio de los orígenes y el desarrollo de la vida, y la posibilidad de que exista en otros lugares.
ESW: ¡Muchas gracias! |
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Por Erika Podest
Me desplazo en una pequeña lancha motorizada por un río angosto y serpentino. A mi alrededor, una tupida vegetación y la fortaleza de la selva tropical en todo su esplendor. Sobre mí vuelan dos guacamayos bullosos, como si estuviesen contándose carcajadas. A lo lejos, el reflejo de los arboles sobre el agua es interrumpido brevemente por dos juguetones delfines. Pocos minutos después salen nuevamente, esta vez más cerca a la lancha, curiosos en ver quién transita por allí. Los veo de cerca. Son rosados. Cierro mis ojos y respiro profundamente un aire puro. Por un momento pienso que es un sueño, pero al abrirlos nuevamente confirmo que es realidad y que estoy en un paraíso, en uno de los grandes pulmones del planeta: la Amazonia.
 Comunidad a orillas del río en la Amazonia Peruana. Crédito: Erika Podest
 Atardecer en el río. Crédito: Erika Podest
Me encuentro en la selva amazónica Peruana, en Pacaya-Samiria, la segunda reserva mas grande del Perú, ubicada al suroeste de la ciudad de Iquitos. Estoy aquí junto a un equipo de científicos para llevar a cabo estudios sobre un tipo de humedal (tierras planas que tienden a inundarse, dando paso a un ecosistema acuático y terrestre a la vez) llamado aguajal, también conocido como “la maravillosa palmera de la Amazonia.” Sus frutos son de los más nutritivos del trópico y sirven como alimento base tanto para humanos como para un gran numero de especies de la fauna silvestre. Además de esto, proveen sobresalientes servicios ambientales ya que estos ecosistemas son grandes almacenes de carbono – entre tres a cinco veces mas por hectárea que cualquier otro ecosistema tropical – y son de gran importancia para la mitigación del cambio climático mundial.
 Lancha motorizada. Crédito: Erika Podest
 Guía local. Crédito: Erika Podest
Se conoce poco sobre la ubicación de estos ecosistemas ya que la mayoría se encuentran en áreas remotas e inaccesibles, por eso mi proyecto consiste en generar un mapa de los aguajales de la Amazonia Peruana por medio de imágenes de satélite. Por lograrlo, primero definimos pequeñas áreas de estudio en el campo (gracias al apoyo de un guía local) y las identificamos en las imágenes de satélite. Una vez entendamos como se ven los ecosistemas de nuestra área de estudio en las imágenes de satélite entonces podemos identificar los mismos o similares ecosistemas fuera del área de estudio.
 Erika Podest trepada en un aguajal. Crédito: Erika Podest
El hábitat natural de los aguajales está formado por pantanos con pocos drenajes donde predominan los suelos permanente o temporalmente inundados, lo que los hace lodosos y suaves y de difícil acceso. En cada área de estudio tomamos medidas de los árboles, las características de sus suelos, entre otras. Son horas de arduo trabajo bajo un aire pesado y caliente, rodeados de mosquitos que en todo momento nos dejan saber que estamos infringiendo en su territorio. A pesar de ello, entre el grupo hay un sentimiento de asombro por estos silenciosos gigantes que miden hasta 40 metros de alto y juegan un rol tan importante en la mitigación de los gases invernaderos.
Así pasamos cinco días de continua investigación en la selva y terminamos exhaustos, pero profundamente inspirados por la satisfacción de los aportes científicos que tendrá este proyecto y porque sí, a veces parece un sueño descubrirse en lugares tan impresionantes como éste.
 Podest, en la extrema derecha, con el equipo de científicos en la Amazonia Peruana. Crédito: Erika Podest
Originalmente de Panamá, Erika Podest trabaja en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en California, donde se especializa en el uso de información de satélites para estudiar los efectos del cambio climático. ¿Quieres saber más sobre Erika? Sintoniza su entrevista con Univisión radio mañana martes, 16 de octubre de 2012. Visita la sección de Eventos para más detalles. |
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