Por Erika Podest
Me desplazo en una pequeña lancha motorizada por un río angosto y serpentino. A mi alrededor, una tupida vegetación y la fortaleza de la selva tropical en todo su esplendor. Sobre mí vuelan dos guacamayos bullosos, como si estuviesen contándose carcajadas. A lo lejos, el reflejo de los arboles sobre el agua es interrumpido brevemente por dos juguetones delfines. Pocos minutos después salen nuevamente, esta vez más cerca a la lancha, curiosos en ver quién transita por allí. Los veo de cerca. Son rosados. Cierro mis ojos y respiro profundamente un aire puro. Por un momento pienso que es un sueño, pero al abrirlos nuevamente confirmo que es realidad y que estoy en un paraíso, en uno de los grandes pulmones del planeta: la Amazonia.
 Comunidad a orillas del río en la Amazonia Peruana. Crédito: Erika Podest
 Atardecer en el río. Crédito: Erika Podest
Me encuentro en la selva amazónica Peruana, en Pacaya-Samiria, la segunda reserva mas grande del Perú, ubicada al suroeste de la ciudad de Iquitos. Estoy aquí junto a un equipo de científicos para llevar a cabo estudios sobre un tipo de humedal (tierras planas que tienden a inundarse, dando paso a un ecosistema acuático y terrestre a la vez) llamado aguajal, también conocido como “la maravillosa palmera de la Amazonia.” Sus frutos son de los más nutritivos del trópico y sirven como alimento base tanto para humanos como para un gran numero de especies de la fauna silvestre. Además de esto, proveen sobresalientes servicios ambientales ya que estos ecosistemas son grandes almacenes de carbono – entre tres a cinco veces mas por hectárea que cualquier otro ecosistema tropical – y son de gran importancia para la mitigación del cambio climático mundial.
 Lancha motorizada. Crédito: Erika Podest
 Guía local. Crédito: Erika Podest
Se conoce poco sobre la ubicación de estos ecosistemas ya que la mayoría se encuentran en áreas remotas e inaccesibles, por eso mi proyecto consiste en generar un mapa de los aguajales de la Amazonia Peruana por medio de imágenes de satélite. Por lograrlo, primero definimos pequeñas áreas de estudio en el campo (gracias al apoyo de un guía local) y las identificamos en las imágenes de satélite. Una vez entendamos como se ven los ecosistemas de nuestra área de estudio en las imágenes de satélite entonces podemos identificar los mismos o similares ecosistemas fuera del área de estudio.
 Erika Podest trepada en un aguajal. Crédito: Erika Podest
El hábitat natural de los aguajales está formado por pantanos con pocos drenajes donde predominan los suelos permanente o temporalmente inundados, lo que los hace lodosos y suaves y de difícil acceso. En cada área de estudio tomamos medidas de los árboles, las características de sus suelos, entre otras. Son horas de arduo trabajo bajo un aire pesado y caliente, rodeados de mosquitos que en todo momento nos dejan saber que estamos infringiendo en su territorio. A pesar de ello, entre el grupo hay un sentimiento de asombro por estos silenciosos gigantes que miden hasta 40 metros de alto y juegan un rol tan importante en la mitigación de los gases invernaderos.
Así pasamos cinco días de continua investigación en la selva y terminamos exhaustos, pero profundamente inspirados por la satisfacción de los aportes científicos que tendrá este proyecto y porque sí, a veces parece un sueño descubrirse en lugares tan impresionantes como éste.
 Podest, en la extrema derecha, con el equipo de científicos en la Amazonia Peruana. Crédito: Erika Podest
Originalmente de Panamá, Erika Podest trabaja en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en California, donde se especializa en el uso de información de satélites para estudiar los efectos del cambio climático. ¿Quieres saber más sobre Erika? Sintoniza su entrevista con Univisión radio mañana martes, 16 de octubre de 2012. Visita la sección de Eventos para más detalles. |